
Parte I: Gloria.
Gloria tiene 25 años. De mentalidad inocente rozando a veces lo infantil, ha tardado en descubrirse y aceptarse como persona, como mujer y como ser sexuado. Una vez conseguido lo que ha sido como escalar el himalaya en medio de una ventisca decide intentar ponerse en contacto con personas “como ella”, o en lo que ella piensa que va a ser como imagina: Gloria entra por primera vez en un chat de lesbianas. Elige románticamente un nick sugerente y al mismo tiempo literario a la par que manido por esos lares: “Safo” . Naturalmente está registrado y no puede usarlo. Cambia a Colette. Inútil, también está registrado. Finalmente y tras varios intentos fallidos, opta por Minnie, la ratoncita de Walt Disney. Tras varios minutos de observar mareada la “conversación coral” del chat general, minnie recibe el primer privado.
Annaturna: Hola
Minnie: hola.
A: ¿de dónde eres?
M: de huelva y tu?
A. De soria.
M: No he estado nunca en soria
A: ni yo en huelva, cuantos años tienes?
M: 29 y tu?
Annaturna cierra el privado y desaparece
Minnie recibe dos o tres privados más, hasta que como suele suceder, recibe el definitivo. La protagonista usa el nick : Leia_star .
A Gloria, (Minnie), le gusta el nick, le gusta star wars. Comienza la primera de una serie de conversaciones con Leia_star en las que minnie se sentirá identificada, escuchada, reconfortada, comprendida, admirada…. Y por fin , amada.
Pasa el tiempo que, prudencial o no, lleva a las dos mujeres a citarse el soñado fin de semana en que se verán cara a cara. Durante las últimas semanas han compartido chats, e-mails, sms, jpg, y comunicaciones varias de las que la tecnología les ha podido permitir. También han hablado por teléfono con cierta y deseada frecuencia, logrando engordar a un par de operadoras de telefonía móvil de las tantas que se frotan las manos gracias a este tipo de tele-relaciones.
Gloria, (nuestra minnie), ha reservado habitación en un céntrico hotel de Madrid, lujoso , con comodidades, bonito. La muchacha lucha por evitar todo atisbo de sordidez en ese primer y dulce encuentro lésbico de su vida. Ha gastado parte de sus ahorros en planificarlo todo; ha pedido un par de días libres en el trabajo, ha visitado un centro de estética y se ha comprado ropa nueva. Quiere estar radiante para su amada-amante.
La cita es, cómo no, un viernes. Esa misma mañana antes de subir al tren ha hablado con Leia por útlima vez. “¿Estás nerviosa, cielo?. Yo mucho!!.” . Leia la ha tranquilizado, “Lo que tenga que ser, será. No te preocupes, cariño, yo también estoy nerviosa por verte”. Nos veremos en la estación.
Gloria, (minnie), llega a la estación a las tres de la tarde. El tren de su amada tiene prevista su llegada a las seis. Decide quedarse en la estación para esperarla. No quiere arriesgarse a llegar tarde a recogerla. No puede comer. Está de los nervios la pobre. Se sienta en una cafetería y pide una cocacola. Saca un libro, pero no puede leer. No quiere enviar más sms a leia, no quiere ponerla nerviosa ni parecer pesada.
Por fín llega el tren de las seis. Gloria espera impaciente en la salida de pasajeros. Salen todos. Todísimos. Sale finalmente el personal del tren. Suben las limpiadoras. Gloria hace una llamada al móvil de Leia. Nadie contesta. Buzón de voz. Le pone un sms. Espera una contestación que no llega. Nerviosa insiste en su llamada sin resultado alguno. Llama a su hotel para avisar que llegará tarde. Y tan tarde. Acude a información , le comunican que no está prevista la llegada de ningún otro tren procedente del norte a esa estación. Comunican con la otra: Nada. Todos los trenes procedentes de la ciudad donde vive Leia, han llegado ya a la ciudad. Son las once de la noche. Gloria abatida toma un taxi y se dirige a su hotel.
Suelta la maleta, marca el número de su amada sin resultado.
Entonces es cuando me llama a mí.:
¿Gloria?, ¿ Todo va bien?.
No, no va bien.
Gloria me cuenta todo lo que ha pasado. Me transmite su ansiedad. Yo me conecto a internet, donde no encuentro a Leia por supuesto. Paso la noche al teléfono con Gloria intentando tranquilizarla y tratando de enfrentarme con calma y naturalidad a algo para lo que no estoy preparada.
Al dia siguiente le pido a mi amiga que regrese a casa , pero es inútil. Insiste en seguir esperando a su amante desaparecida en combate. Es entonces cuando meto tres cosas en mi mochila y tomo un tren dirección Madrid. Me reúno con Gloria, o lo que era Gloria un día antes. Ahora es una penita de chica. Está abatida, triste, decepcionada. Su mirada es como la de un niño al que se le ha escapado un manojo de globos. Así me la encuentro , mirando al cielo. Ya es sábado por la noche. Ella lleva veinticuatro horas sin pegar ojo, y yo , casi las mismas. Es imposible distraerla. Yo estoy muy saturada ya del asunto, pero intento que ella no lo note demasiado, aunque claro, al final , lo nota. No importa. Es lo que hay. El domingo me la traigo para casa. Cualquiera la deja irse sola para Huelva en ese estado!.
El lunes a mediodía cuando vuelvo a casa del trabajo, me la encuentro metida en internet, desde mi ordenador. Ella está intentando encontrar un rastro de Leia donde sea.
Por la noche, cuando abre por enésima vez su correo, halla un e-mail surrealista que viene a decir más o menos lo siguiente:
“Querida Gloria:
Soy una amiga de Leia. Ella me habló mucho de ti.
Ha ocurrido algo terrible.
El viernes, cuando leia se dirigía a la estación en su coche, tuvo un accidente muy grave y la llevaron urgentemente al hospital. Hemos estado con ella, su familia y amigos constantemente. Ella ha estado inconsciente en todo momento, hasta que finalmente falleció el sábado a mediodía. La hemos enterrado esta mañana en su pueblo. Su madre me ha encargado que me ocupe de sus cosas y he encontrado tu dirección. Pensé que deberías saber lo que ha sucedido. Comprendo que estarás muy triste pero lo estamos todos. Lo siento mucho.
Un abrazo, Montse.
Gloria lee tres veces la carta, llora y llora. Llora tanto que no ve y no puede hablar.
Yo me mantengo en prudente silencio mientras una mosca tras otra se instalan detrás de mi oreja.
“Dime nena, cual es el pueblo de leia?”
Gloria me da entre sollozos todos los datos que voy solicitándole.
Le doy un valium y la acuesto en mi habitación. Me voy hasta mi ordenador. Busco teléfonos. Teléfonos de hospitales, de funerarias, de cementerios.
No hay ni rastro de Leia ni de nadie que responda a sus rasgos. No se ha registrado ningún accidente de tráfico donde haya fallecido una mujer jóven en toda la provincia donde leia decía residir. No se ha registrado ningún fallecimiento ni claro está, enterramiento durante los últimos cuatro días de ninguna persona que responda a su perfil. Tampoco existe ningún enterramiento pendiente o funeral para los siguientes días. De todos modos también llamo a la guardia civil de tráfico. Nada.
Escribo un e-mail en tono ingénuo, suplantando sin ella saberlo a Gloria, a la dirección desde la que llegó la carta de Montse, (la que se declara amiga y confidente de leia).
No recibo contestación, ni ese día, ni el siguiente, ni nunca.
Cuando mi amiga Gloria despierta de su pequeña siesta, con sus ojos hinchados y su rostro desencajado, la siento frente a mí. Le relato detenidamente y con claridad el resultado de mis pesquisas. Gloria llora, llora cada vez más. Ahora no llora la muerte de su amante fantasma. Ahora llora por si misma.